Vigor chilango

Los alebrijes son una estupenda muestra del vigor chilango.

Hay una potente imaginación detrás de esas obras. Los colores, las formas… Escandalosas pero armoniosas. Excesivas, recargadas y al mismo tiempo claras. No te deslumbran aunque te llenen de luz. Armonía monstruosa que nos gusta.

Ser mexicano es de verdad, de verdad ser barroco. Para muestra basta una comida. Y mira cómo está cambiando ahora mismo y aquí mismo en la Ciudad de México nuestra comida. Se están inventando nuevos postres. ¡Cómo si tuviéramos pocos! Pero eso nos gusta. Justo así queremos ser: desmedidos. Exagerados. Chillones. Escandalosos. Brillantes. ¿Una manteconcha calabaza?

New York tiene su desfile anual en el que celebra las obras de su imaginación televisiva. A una fiesta muy antigua, el Dia de gracias, los neoyorkinos la convirtieron en una fiesta de su imaginación moderna.

Nosotros los chilangos, en una acción acertada de la administración de Miguel Ángel Mancera (a cada quién lo suyo) ahora tenemos nuestro desfile. Que prendió celerísimamente. De un año a otro. Hasta las televisoras mexicanas que se distinguen por su torpeza, gazmoñería, amarillismo y oportunismo, vieron el valor. No sé si lo recuerdas lector, pero el primer Desfile de Día de Muertos tiene sólo dos años. Y el pasado 2017 en que nació sólo Canal Once lo transmitió en vivo. Fue un enorme éxito. La marcha zombie tiene muchos más años y nunca ha sido de ese tamaño.

Los alebrijes son un invento chilango.

Como sabes, su creador, Pedro Linares, alrededor de sus cuarenta, enfermó gravemente. En su trance, soñó a los alebrijes. Gracias a que radicaba en la Ciudad de México su sueño pudo crecer. En la década de los sesentas participa con un trabajo de cartonería en las Olimpiadas. Ya con ese prestigio presenta su sueño. Que encanta.

Poco a poco los alebrijes fueron prendiendo. Como los insectos en un jardín. Ahí están. No los ves. A veces los escuchas, o crees escucharlos. O los ves de reojo. Volteas y descubres que te miran desde sus ojos extraterrestres. Como los sueños.

Es simplemente ridículo y tonto decir que las tradiciones mexicanas están en peligro.

Los alebrijes son la prueba evidente de nuestra energía. Son una tradición inventada por la generación de los abuelos de la gente de 40–50, o por la generación de los bisabuelos de la gente de 30–20 años. Así de cerca está. Así de joven es.

Lo que pasa es que creemos que las tradiciones van para atrás. Todo lo contrario: las tradiciones van para adelante.

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