MAQUIAVELO INVENTA EL OPTIMISMO

Maquiavelo dedica todo un capítulo a reflexionar sobre la suerte. Es el capítulo 25 de los 26 que forman El Príncipe.

¿Por qué?

Aristóteles, en su Política, no lo hace. En La República y El Político de Platón, no se toca el tema. Hobbes no se ocupó de la suerte. Popper en sus obras de filosofía política, tampoco. John Locke tampoco.

Es realmente extraño que en una obra de filosofía política se hable y reflexione sobre la suerte.

El discurso sobre la suerte de Maquiavelo está justo antes del cierre del libro, justo antes del último capítulo en el cuál exhorta al príncipe para que se entusiasme y vaya y emprenda una grandiosa obra: crear Italia.

La próxima semana, publicaré un ensayo sobre la suerte y Maquiavelo.

Pero aquí enseguida, algunas ideas de porqué Maquiavelo aborda el tema de la suerte:

El Príncipe quiere enseñar a tener y mantener el poder. El príncipe no sólo debe conocer sino que debe interiorizar los limites de su poder. Debe ser capaz de conocerlo como al atleta conoce sus músculos, y como el atleta no debe confundirse ni conformarse con la apariencia.

Una posible causa de porqué Maquiavelo aborda el tema de la suerte es porque reconoció un carácter mediocre entre los nobles italianos. Hoy llamaríamos conformismo a ese carácter. Varias veces en la obra menciona que es muy común que los príncipes se conformen con su posición y que se pongan a disfrutarla en lugar de protegerla y de expandirla. Viven vidas de sibaritas, no vidas de príncipes. De hecho, cuando se usa la expresión “vida de príncipe” no se entiende una vida de trabajo y lucha sino una vida cómoda, placentera, fácil.

Maquiavelo, sin duda, está en total desacuerdo con ese significado. Maquiavelo quiere transformar el uso de esa expresión y que el príncipe y nosotros la usemos de otra manera.

Este tipo de carácter que se expresa en “vida de príncipes” como vida fácil y regalada tiene una consecuencia: esos mismos príncipes hablan como si su destino no estuviera en sus manos. Usan expresiones como “en mano de Dios”, “así lo quiere Dios”, “hay que conformarnos con lo que los tiempos nos traigan”. Todas estas expresiones alarman a Maquiavelo. Si un príncipe las interioriza será incapaz de vivir como lo propone porque supondrá que su vida no depende de sus obras.

Así que pondrá en el mayor de los peligros a su gobierno. Un peligro mucho mayor que los vecinos ambiciosos.

Creo, que la génesis del discurso sobre la suerte en El Príncipe empieza con esa conciencia: si el príncipe usa las palabras con cierto significado, creerá y en consecuencia actuará de cierta manera. Luego entonces, hay que hacer algo para cambiar el significado de las palabras y que se usen como deberían.

El ensayo aparece la próxima semana. ¡Nos leemos!

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