¿LA HISTORIA ES LA MEDICINA DE LA POLÍTICA?

Para Maquiavelo sí. Pero, ¿de qué tipo exactamente?

Preventiva. Y también ortopédica o correctiva. Definitivamente no es de emergencia: no sirve para resolver urgencias.

Ah, y algo interesante: no es analgésica. Es exactamente lo opuesto a analgésica.

Es preventiva o puede orientar, como cuando se estudian lo sistema de gobierno. De hecho ese estudio es condición para las conquistas. Un buen conquistador primero estudia cómo se gobiernan los que quiere conquistar.

La historia para Maquiavelo no adormece o tranquiliza. Para Maquiavelo la historia debe despertarnos, alertarnos.

Analgésico: calmante, tranquilizante, sedante, paliativo, narcótico.

La Historia es para Maquiavelo justo lo opuesto. La historia debería alarmar, despertar, alertar. Es como tener el hábito del deporte, pero con más urgencia.

Hay un tipo de historia que Maquiavelo no conoció.

Maquiavelo no padeció la historia como propaganda. Maquiavelo no conoció la pseudo historia hecha para adornar a un régimen o a un político, la pseudo historia hecha por tinterillos para dibujarlo como el más justo, el más inteligente, el más honrado… Y al mismo tiempo usada para presentar a sus adversarios como corruptos, injustos, etc.

Pero este tipo de textos alarman mucho más y mucho mejor de lo que la Historia debería poder alarmarnos.

Los textos de propaganda señalan sin ambigüedades a los que amenazan a la patria: no puede haber salvador de la patria sin amenazas contra la patria. Así que los textos de propaganda señalan claramente lo que consideran amenazas y buscan encender al público para que los ataque.

La Historia no puede hacer esto porque no existen los enemigos naturales o eternos. Por supuesto que existen los enemigos y se estudia con detalle cómo atacarlos. Pero nunca es sólo él, nunca son exclusivamente ellos. Así que al hablar de enemigos la Historia no acusa sino que ofrece preguntas que el que la estudia debe responder con lo que pasa en su momento, en su circunstancia.

La Historia despierta, alerta, alarma. Pero no como la propaganda.

La propaganda acusa a unos en particular, en beneficio de sólo uno. La Historia quiere que aprendamos a conocer quién es el enemigo de la nación, que cambia conforme a las circunstancias.

Así que, al final, la propaganda también es analgésica: no nos despierta, sólo nos hace soñar las pesadillas que le convienen al demagogo.

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A preguntar y revisar

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