Cartas de Maquiavelo sobre la guerra de los aztecas: la novedad ética de Maquiavelo

Maquiavelo no dice que todo vale. No dice que el príncipe puede hacer lo que quiera. Nadie que simplemente haga lo que desea se convierte en un político, o en una persona exitosa.

El Príncipe se divide en 6 partes.

La primera, es la que esperaba fuera leída por Lorenzo II de Medici, a quien dedicó la obra. Este era el nieto de lorenzo el Magnífico, y fue gobernante de Florencia. Esta primera parte, habla de la estrategia geopolítica. A Lorenzo lo que más le preocupaba en el monto era la competencia contra los otros poderes en Italia: el emperador Carlos V de Habsburgo, Luis XII de Francia, los Estados Papales, la ciudad de Venecia y la ciudad de Florencia. La mejores estrategia geopolítica es entender el sistema de gobierno de la ciudad que va a ser atacada, y entender quién es de verdad el poder en esa ciudad, porque dependiendo de las características del gobierno de esa ciudad dependerá a quién atacar y cómo. Hay sistemas de gobierno que hacen más fuertes o más débiles a sus gobernantes.

La segunda parte, habla ya directamente de los príncipes: de los hombres (fueron los ejemplos más claros que encontró en su época) que se embarcan en la empresa de obtener el control político de una ciudad. Estos hombres deben ser sumamente audaces, y muchas veces recurrir al asesinato para alcanzar lo que quieren. Aunque Maquiavelo afirma que el asesinato es sólo otro medio, no dice nunca que el que busca el poder asesine sin pensarlo. Obtener el poder político es mucho más difícil que eso. El que quiera tener el poder político, no debe hacer lo que sea, sino entender cómo funciona el gobierno y actuar bajo esas coordenadas, bajo esos límites.

Pero, hay algo que todo el que desee la autoridad política debe tener: fuerza. La tercera parte habla de los ejércitos, porque si no se los tiene, no se llegará muy lejos. Pero no cualquier ejército. Maquiavelo aquí empieza a mostrar rasgos que podrían calificarse como democráticos. Contra la opinión normal de su época, y de muchos de sus contemporáneos, Maquiavelo rechaza por entero el uso de mercenarios. No lo desaconseja: lo desaprueba. No dice que sean formen un ejército regular sino que son el peor ejército que un príncipe puede tener. El mejor ejército, el ejército que debe formar el mejor príncipe, es uno de ciudadanos. Una milicia civil. Así que el príncipe debe apoyarse en el pueblo para tener autoridad política, no en las riquezas que le permiten pagar muchos mercenarios. Es decir, para Maquiavelo, a fin de cuentas el elemento más importante para el príncipe no es la fuerza del ejército (que podría comprar y que el consenso normal en su época era que se podía comprar) sino, la autoridad que sabe tener con el pueblo, con la multitud que forma la ciudad.

Por esa causa, la siguiente parte, la cuarta, trata de cómo debe actuar el príncipe para tener el aprecio popular. Esta es la parte donde la heterodoxia de Maquiavelo es más clara. Esta es la parte más incómoda de sus ideas.

El príncipe debe saber cual es la moral popular, y usarla en su beneficio. El príncipe no es un educador del pueblo sino exactamente al revés: el príncipe que mejor se mimetice con la moral popular, será el que más tenga su aprecio, y su apoyo. Las buenas o malas acciones del príncipe sólo lo son si el pueblo las entiende así. El príncipe no puede hacer creer cosas al pueblo, debe hacerle entender que lo que hace respeta la moral popular.

Es decir, si el príncipe comete un asesinato, esa acción sólo le resultará exitosa y provechosa si el pueblo lo aprueba.

La ortodoxia, es creer que, como el pueblo es cristiano, el príncipe debe serlo. La verdad, es que el príncipe debe saber cómo es en realidad el pueblo, no como dice que es ni cómo cree que es.

Esto fue una gran novedad y heterodoxia política en el Renacimiento. Maquiavelo declara que los cristianos en realidad no son cristianos.

Lo que expone, es que la moral normal es una que hay que ver mejor, una que no se conoce.

La otra novedad y heterodoxia, es que la autoridad política no se funda en la tradición ni en la sangre ni en la nobleza sino en la opinión pública.

La quinta parte de la obra, se refiere a los consejeros del príncipe a qué consideraciones debe tener el príncipe con los hombres que tendrá más cerca de sí.

La última parte, la sexta, no sé cómo clasificarla. Se lamenta de la mediocridad de los políticos italianos que no han sabido cómo hacerle frente a Carlos V y a Luis XII, y en esa lógica hace un exhorto a Lorenzo de Medici para que se esfuerce en buscar unificar la península italiana. Y ahí podría haber terminado.

Pero además habla de la Fortuna. No de la suerte sino de la Fortuna. La suerte ni siquiera puede ser parte de una consideración moral, pero la Fortuna sí que lo es. La Fortuna es parte de la ecuación que un político, afirma Maquiavelo, debería considerar. Esta idea no sólo es nueva. Al cerrar con ella su libro, Maquiavelo puede quizás señalar que todo príncipe, que todo competidor por el poder, debe considerar algo más que los medios materiales a su alcance.

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