Cómo y para qué escribir cartas

Algunos amigos me han comentado que quieren escribir cartas a sus hijos e hijas, o incluso a un público más amplio pero no saben cómo empezar. Aquí hay algunas recomendaciones.

Escribes una carta cuando quieres que el que te lean sepa algo que va a mover su conducta.

Piensa en cómo quieres que sea la última conversación con tu familia cuando vas a dejar la casa familiar para hacerte independiente. O en lo que le dices a alguien cuando le entregas un premio o trofeo.

Un aprendiz escucha consejos todos los días. Pero en su último día como aprendiz escucha otro tipo de palabras, otro tipo de consejos.

Lo que dices en esas ocasiones es serio. Hablas para que se sepa tu posición. No tu opinión sino tu posición: no lo que crees sino lo que estás dispuesto a hacer, o lo que crees que otro debería hacer.

Un recado no es una carta. Anotas en un papel una fecha, o un número, o una dirección, o escribes en una línea que urge hacer algo. Un recado sirve para dar un aviso. Lo importante es la información. Redactas con total claridad: pones sólo lo que lo que importa: este objeto en particular, en tal lugar. Una hora específica. Esta o esa persona. El peor recado es el que empieza con un saludo, luego una pregunta, luego un chiste, luego te dice que si no tienes nada qué hacer, por favor vayas a tal lugar, o a este otro, o si quieres, a tal otro… Un recado son cuando mucho dos líneas, con información clara, y una sola petición igual de clara.

Una tarjeta no es una carta. La tarjeta se apoya en el dibujo, en una ilustración. Incluso puedes recortar imágenes y crear un collage al que añades un saludo. Compras la tarjeta o la haces tú mismo pero lo que distingue a la tarjeta es la ilustración.

Algo intermedio entre el recado y la tarjeta, son las invitaciones.

Fíjate lo que todos estos tipos de mensajes tienen en común: son de ti para alguien que te importa. Tú quieres hablar con esa persona en particular para darle un mensaje importante.

Otra cosa que tienen en común: todos son escritas. Todas implican saber leer y saber escribir. Papel y tinta, carbón en el suelo, en la pared, o en el árbol o en la roca, o navaja rayando la madera. Todo esto es escritura y lectura. ¿Recuerdas la diferencia entre prehistoria e historia? En la prehistoria no hay textos. Historia, es todo lo que hemos hecho desde que creamos registros escritos, en papel o roca o cera o madera o metal. Decir que toda la historia hemos escrito cartas es una especie de pleonasmo.

Un telegrama no es una carta porque el telegrama es urgente y breve. El telegrama es un recado con esteroides. Llega más lejos, más rápido. El e mail tiene aún más esteroides.

Existe un género de cartas de un tipo especial: la epístola. Una epístola es una lección escrita y enviada a alguna comunidad o persona. La epístola es lo que un maestro le escribe a sus discípulos. Las epístolas eran un género muy popular en Roma, que no tenía ni libros impresos ni universidades. La gente que tenía alguna autoridad científica o religiosa, escribía cartas muy, muy largas para que comunidades lejanas pudieran conocer las ideas y conceptos más importantes de una religión o escuela. Están por ejemplo las epístolas del apóstol Pedro. Otro ejemplo, son las llamadas “Cartas a Lucilio”, que el filósofo romano Séneca escribió para un joven discípulo.

En 1994, se estrenó la película “Mi Vida”, actuaban Michael Keaton y Nicole Kidman. Keaton interpreta a un ejecutivo que trabaja en relaciones públicas en la ciudad de Los Angeles, su mujer, interpretada por la Kidman está embarazada. Entonces a él le diagnostican cáncer de riñón en estado terminal. Morirá antes de conocer a su hijo o hija. ¿Qué hace? Empieza a grabar videos para su hijo o hija. ¿De qué hablarías tú en estos videos?

Hace poco yo escribí una carta.

Me gustaba mucho el programa “Farándula 40”, quizás tú lo conoces. Lo cancelaron.

Me enojé. Así que escribí una carta abierta en mi blog (al final te dejo el link por si le quieres echar un ojo). Ahora que escribo esto, me doy cuenta de que cometí un error: muy fácilmente puedo saber el nombre de la persona responsable de haber cancelado el programa de TV que me gustaba, y dirigirle la carta. Cuando tú leas, ya debe estar el nombre de esa persona.

¿Qué escribí? Como te imaginas, si hubiera llenado cinco hojas con insultos, eso habría sido ridículo e insignificante. Si lo hubiera hecho, la plataforma donde tengo el blog la habría eliminado con toda razón y justicia. La persona a la que hubiera insultado, podría haberme demandado, y con toda razón. Y los conductores del programa tendrían una pésima opinión de mí. Y con razón.

¿Entonces qué hice? Pensé a quién escribirla. Tenía que ser a dos personas. A las que quiero, y a las que odio. A los conductores que hacen el programa, y a los que lo cancelaron. A ellos les tenía que decir por qué me gusta lo que hacen, porqué es valioso, y agradecerles su trabajo. A los otros, hacerles ver que echaron a perder algo bueno, y que por lo tanto o son malos o son estúpidos.

Una carta es exactamente lo opuesto a una manifestación. En una manifestación va mucha gente. No distingues a nadie. Son sólo una multitud. Cuánto más grande, más ruidosa. Reclama o apoya. Amenaza por su número, o demuestra que muchos apoyan a uno. En una manifestación de apoyo hay una sola persona: a la que la multitud apoya. El gentío es anónimo. No es alguien. La autoridad de la manifestación está en el número, no en las personas.

Una carta en cambio es uno que habla de frente para hacer ver que algo se hizo bien o mal, o para señalar cómo se debe hacer algo. La autoridad de la carta está en lo que se hace ver. La autoridad está en si se demuestra con fuerza y evidencia.

Piensa en lo que hace diferente a una serenata de a una carta de amor.

Las cartas cumplen su propósito cuando mueven. Son buenas cuando provocan lo que buscan.

Una buena carta fue la que Albert Einstein le envío a Franklin D. Roosevelt, el 2 de agosto de 1939, durante la Segunda Guerra Mundial. Esa carta inició la edad atómica para la Humanidad. Einstein le explica al presidente qué cosa es la energía atómica, y qué podría significar para la guerra. Roosevelt, como cualquiera en esa época, no tenía la menor idea de lo que era la energía atómica. Tenía suficientes preocupaciones, y suficientes personas hablándole como para no hacer caso de la carta de Einstein. El científico era famoso, pero, ¿cuánta gente famosa e influyente le habla a un presidente y le dice que tiene algo de vital importancia que decirle?

Si Roosevelt no hubiera ordenado el programa de energía nuclear norteamericano, viviríamos en un mundo por completo distinto. Así de importante fue esta carta que se escribió en apenas dos hojas.

Otra carta igual de influyente, es la de Martin Luther King, la llamada “Carta de Birmingham”. King la escribió estando preso en la cárcel de esa ciudad. Es una carta muy larga, de casi 20 hojas.

El motivo de la carta era demostrar que la resistencia civil pacífica era la herramienta que los negros norteamericanos tenían que usar parta obtener sus derechos. En ese momento, había mucha gente, negros y blancos, simpatizantes de la causa y opositores a la causa, que estaban convencidos de que o el movimiento tenía que cancelarse, o recurrir a la violencia. Entonces Martin Luther King escribe una larga carta a los miembros de su iglesia explicándoles porqué la lucha debe continuar, por qué debe ser pacífica, y cómo la lucha pacífica los puede llevar al éxito. Sin esta carta el movimiento se hubiera empezado a resquebrajar.

Una carta es buena cuando provoca lo que busca. Esa es la primera pregunta al escribir una carta: ¿que quieres que se haga?

Te platico de una pésima carta. Una carta que, si hubiera sido bien pensada y bien ejecutada habría sido la carta más importante en la historia. En lugar de eso, es apenas una anécdota y un gran fracaso: la carta que Gandhi le escribió a Hitler.

Dos meses antes de que la Segunda Guerra Mundial empezara, Gandhi quiso enviarle a Hitler una carta. Te la pongo aquí:

27 de julio de 1939

Estimado amigo:

Amigos me han estado instando a escribirle por el bien de la humanidad. Pero me he resistido a su petición, porque tengo la sensación de que cualquier carta mía sería una impertinencia. Algo me dice que no debo calcular y que debo apelar por lo que valga la pena.

Está bastante claro que hoy es usted la única persona en el mundo que puede prevenir una guerra que puede reducir a la humanidad al estado salvaje. ¿Debe pagar ese precio por un objeto por muy digno que le parezca? ¿Escuchará el llamamiento de alguien que ha rechazado deliberadamente el método de la guerra sin un éxito considerable? De todos modos, anticipo su perdón si me he equivocado al escribirle.

Y se despide. Gandhi todavía escribió una segunda carta. Ninguna de las dos fue enviada. Es decir, o Gandhi no confiaba en sus palabras, o no confiaba en el poder de las palabras.

Me enoja la timidez de Gandhi. Se disculpa dos veces y sólo le presenta a Hitler un argumento muy débil para que no haga la guerra. Si alguien empieza por disculparse contigo por hablarte significa que no tiene mucha confianza en lo que va a decirte. O peor: que se pone en tus manos. Puedes hacer con él lo que quieras. Y lo primero, puede ser simplemente tirar su carta.

Una carta es una declaración personal. Por eso es tan emocionante escribirlas.

Incluso en una carta normal, en una relación normal, sin nada especial en el momento de escribirla, la persona que se toma el trabajo de sentarse, pensar, escribir, lo hace porque quiere hablar contigo. Sí sólo quiere pasar el rato podría ir y hablar con alguien. Pero si se sienta a escribir, es para algo importante. Aunque el tema pueda parecer sencillo, como los chismes del momento, escribes porque se los quieres decir a esa persona. Se los quieres compartir a ella. Quieres que esa persona se ría, o que esa persona se ofenda o se maraville de lo que le vas a decir. Sentarse a escribir no es importante sólo por el tema sino por lo que quieres provocar a la persona a la que te diriges.

No te preocupes por la extensión. La extensión no es un problema en las cartas. La persona que lee puede dejarla un momento, descansar y seguir leyendo luego de tomar aire o beber un vaso de agua. Tú sólo preocúpate de lo bien armada que esté.

Las cartas no son un instrumento de trabajo. Lo fueron en los años en los que no había teléfono o videoconferencias o viajes en avión. Hoy nadie escribiría una epístola, si puede usar las herramientas digitales que existen.

Los líderes sí que deben escribir cartas. Una señal de la pésima calidad de los liderazgos que tenemos hoy en día es que los líderes no escriben cartas. Al no hacerlo, se evitan pensar en qué razones y qué motivos puede exponer para que los sigamos. En lugar de eso le dicen a la gente lo que quiere escuchar, o hacen promesas absurdas, o repiten frases hechas. La palabra de los líderes no vale nada. Entonces ¿cómo podrían escribir una carta?

Hablemos ahora de qué pasos o recomendaciones puedes seguir para escribir una carta.

Es muy importante que pienses y definas muy claramente:

- a quién le escribes. Muy importante.

- si la carta es sólo para sus ojos, o si podrá o si deberá compartirla con alguien más

- ¿exactamente qué le quieres decir a esa persona? ¿Quieres enseñarle algo, quieres que haga algo, quieres que crea algo, quieres que sepa algo?

- cuál es la ocasión o circunstancia especial por la que quieres hablarle o hablarles, que ha pasado que necesitas hablar con ella, con él

- si le vas a pedir que haga algo o si le vas a hacer una recomendación; en mercadotecnia esto se llama “call to action”

- si va a ser necesario que presentes cierta información que puede ser privada o confidencial

- si va a hacer referencia a algún tipo de documento o algún otro tipo de material

- si vas a hablar de acontecimientos que la persona no conoce, o que sólo conoce indirectamente

- o si por el contrario vas a referirte a eventos de los que todo mundo tiene noticia

Lo más importante que debes pensar para escribir una carta es lo que quieres que la persona haga.

Si lo que deseas en la carta es que sepa algo, hay es tener la lección bien clara, darle o señalarle los instrumentos necesarios, hacer las recomendaciones exactas que deseas hacerle.

Si deseas que tome un curso de acción, que haga esto o aquello, debes decir claramente por qué lo que le vas a recomendar es lo mejor que se puede hacer.

¿Debes hablar de tus emociones en una carta? No necesitas preocuparte por cómo expresar tus emociones. Al hablar de recuerdos ya estás diciendo lo que sientes. Lo mejor en este caso es que tú tengas tus recuerdos bien claros. Que dibujes bien los lugares, la época del año, el paisaje, el lugar en donde las cosas que recuerdas tuvieron lugar. Puede servir que platiques con alguien antes de escribir, de manera que no te confundas o peor, que ya cuando la carta esté escrita y enviada, te des cuenta de que cometiste errores al recordar.

¿Y si no habla de recuerdos? Entonces explica lo que ha pasado. Explica lo que viste, lo que escuchaste. Entre más claro expliques eso, las emociones que sentiste y quieres comunicar aparecen en el lector.

Si vas a escribir algo más íntimo, si vas a explicar tus acciones o tu conducta, entonces es aún más importante que tengas claro lo que pasó y cómo pasó. No te puedes sentar y escribir y mandar. Es mucho mejor que te sientes varias veces, que repases varias veces cómo pasaron las cosas, y que después escribas.

Creemos que las cartas son para mandar mensajes. No. Para mandar mensajes puedes usar señales de humo, tik toks, tuits, o garabatear unas palabras en una pared usando un trozo de piedra.

Las cartas sirven para hablar de frente y proponer una idea, una iniciativa.

Ojalá te sirvan estas líneas.

Se me ocurre que sería valioso armar una antología de cartas. Te dejo mi correo por si te interesa:

alberto.afponce@gmail.com

En Facebook estoy con mi nombre completo:

Alberto Fabián Benítez Ponce.

Link a la carta abierta que escribí hace unos meses:

https://afbp26.medium.com/tu-mataste-a-far%C3%A1ndula-40-989712767be7

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