ALGO SOBRE EL ÉXITO MAQUIAVÉLICO

Alberto Benitez
3 min readJul 19, 2023

Maquiavelo quiso tener un final trágico.

Pudo haber sido un abogado, ocupado en la multitud de asuntos de los miles de comerciantes en Florencia. De haber tomado esa decisión su nombre sería para todos desconocido y nada significaría “ser maquiavélico”. O pudo haber sido un comerciante, trabajar para ganar fortuna y como muchos de sus conocidos y amigos convertirse con los años en un mecenas para poetas, escultores, pintores.

Nunca escogió la vida privada. Decididamente se metió en el servicio público. Y no como un mero trabajo, no como una ocupación de la que sólo sacara algunas monedas con las que alimentar a su familia. No como una ocupación que cambiara por otra sólo por un mejor salario.

Maquiavelo buscó una ocupación peligrosa: trabajar en la Oficina de los Diez, lo que para nosotros sería el ministerio de Relaciones Exteriores. Y trabajo duro para ganar una posición de influencia. Una posición con la que podría definir él el rumbo de Florencia, un puesto que le permitía a él formar parte del grupo que tomaba decisiones sobre con quién hacer la guerra, cómo hacerla, con quién negociar la paz y cómo.

Se puso en el lugar preciso en el que podría ser acusado de traición. Compitió y ganó el puesto por el que podría ser encarcelado y torturado por las faltas que cometiera. Obtuvo el puesto que lo hacía responsable por los resultados de sus decisiones.

Se puede creer que todos, no importa quiénes seamos o el trabajo que desempeñemos, somos responsables de nuestras acciones y decisiones.

Pero no es así.

La responsabilidad moral es vacía. La única responsabilidad es la legal. La responsabilidad moral no pasa de ser un sueño.

No en todos los trabajos hay manera de hacernos responsables de nuestros actos porque no en todos los trabajos existen los medios para evaluar las decisiones que se toman, examinarlas, juzgarlas y al final premiarlas o castigarlas.

Los resultados del trabajo siempre son mixtos, siempre están sujetos a muchas circunstancias y accidentes que cambian rápidamente. Parte del encanto de los deportes es que en ellos el fracaso o triunfo es evidente y clarísimo. Pero hay que ver que todos los deportes son actividades estupendamente artificiales. Se juegan en espacios especiales. Con materiales y ropas y herramientas artificiales: creadas específicamente para ese fin. Fuera del tiempo y del espacio reales, como las ceremonias religiosas. Cuando los niños juegan, interrumpen el paso, molestan con el ruido, rompen vidrios. Porque el juego está fuera de la realidad.

Maquiavelo pudo haberse puesto a jugar o haberse dedicado a un trabajo servil en el que su responsabilidad no sería diferente de la de la vacía responsabilidad moral.

En cambio escogió un trabajo en el que tenían derecho a matarlo si lo hacía mal.

Pero queda el punto de porqué no fue un mecenas. Si hubiera trabajado para enriquecerse con el tiempo hubiera hecho una buena fortuna y con ella ganar fama al patrocinar trabajos importantes. Iglesias, palacios, plazas. Pinturas y esculturas. Monasterios, conventos, universidades. Todos esos proyectos daban mucha fama y eran parte del buen nombre de las dinastías y de los grandes hombres en el Renacimiento. Lorenzo era el Magnífico por sus acciones políticas pero también y casi a la par por sus acciones de mecenazgo y apoyo a las artes y a la religión. Maquiavelo mismo muchas, muchas veces agradeció en privado, en público y en sus libros el apoyo que recibió de estos mecenas haciendo que esos apellidos sean recordados hasta el día de hoy. Los mecenas consiguen que la gente los ame.

Maquiavelo en cambio tenía otro rasgo, que es necesario para todos los ciudadanos en una democracia.

Deseaba definir la política de su ciudad. No sólo tenía buenas ideas sino que trabajó para hacerlas realidad. Pero no buscó tener la autoridad para dictarlas sino que buscó estar en el lugar que le permitiera discutir, evaluar, estudiar las opciones y al final tomar una decisión entre muchos, una decisión que tomada así así estaba evaluada, una decisión que al haber sido discutida había sido examinada y criticada por muchas cabezas.

Eso también es ser maquiavélico. No ser amado. No ser apreciado. Sino ser responsable.

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